El pez payaso.







Cuando haces las cosas lo mejor que sabes y esto no basta. Cuando estás en un sitio y desde el minuto cero sientes que no encajas, que no eres bien recibida, que no te quieren ahí. Desde entonces tu vida se hace más dura.
Eso exactamente es lo que me sucede ahora mismo a mi en el trabajo en el que estoy. No tengo ningún problema en desempeñar mi trabajo, por eso lo hago, no lo veía difícil cuando lo acepte y no lo veo difícil ahora, es más podría decir que es de entre todos los trabajos que he realizado sino el más fácil, uno de los más fáciles.
Se trata de limpiar, reponer, hacer de mujer florero muuuuucho rato, y vender. Fácil no?
Bueno pues lo fácil se puede convertir en difícil si tu jefe es una mala persona que además no tiene ni idea de desenvolver su papel adecuadamente.
Trabajo para una empresa dentro de  una gran empresa, me explico, esto es como trabajar para el pez espada dentro del pez tiburón.
Ya sabéis eso de que el pez grande se come al pequeño, bueno pues este es tan grande que se ha comido a unos cuantos y tiene la tripa muyyyy gorda. Tanto, tanto que no le caben en la panza y sufre de una indigestión crónica, y no le caben más peces, pero él sigue comiendo y comiendo.
Pues bien, como son peces están en el mar. Entonces aquí entre yo, sin tener idea de peces de mar, ni nada de nada, yo había aprendido a nadar en una piscina con agua climatizada y ordenador, y peces martillo al lado muy amables que siempre colaboraban con una sonrisa.
También había nadado en otras piscinas de aguas más fría y más calientes, pero nunca tan diferentes como la del mar.
Aquí había corrientes, había medusas, había ostras y rocas terribles.
El pez sapo era el que daba las ordenes, hablaba mal  a los demás peces, ordenaba sin derecho a abrir la boca y sin sentido a veces. Humillaba, levantaba el tono de voz, dictaba ordenes, descalificaba, nunca jamás ayudaba, vigilaba, controlaba, y nadaba como pez en el agua, tieso y moviendo su cola de pez sapo con escamas brillantes y relucientes y ojos de sapo.
Las medusas le rozaban, sonreían, sonrojaban, seducían, tonteaban, disimulaban y cuando el no estaba, celebraban fiesta y se liberaban.
Yo como habéis comprobado no soy medusa.
Soy un pez payaso. La primera vez que vi a las medusas, dije puaf, que rollo, están todo el rato pintándose, presumiendo, cotorreando, criticando y hacen la vida imposible a alguna y hablan de los demás. No me gusta mucho este mar.
Luego cuando conocí al pez sapo, pensé, Dios mío que es esto? Nunca vi un pez con esos ojos y con esa boca, no me gusta como me habla, como me mira, y nunca me ayuda en nada cuando lo necesito, no he aprendido absolutamente nada de él, porque nada me ha enseñado.
Entonces en ese mismo instante, quise salir de ese mar. Pero las corrientes externas eran tremendamente fuertes y era imposible salir de ahí. Así que dos años después el pobre pez payaso sigue en ese mar, esperando que una nueva ola lo lance a otro destino y deseando que este sea mejor. Y si no lo es, será el punto de partida para otra etapa que comience. El pez payaso espera intentado trabajar mimetizado con el subsuelo marino , para que lo dejen tranquilo jugar con las caracolas. El ama a las caracolas, él ama la vida, el sabe lo que son los valores, porque sin propagarlos hace mucho que los tiene, porque los aprendió y le fueron reforzados por el camino.



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